EL VUELO DE LAS GAVIOTAS
A las hermanas Zambrano
Alarcón
ARACELI
-María, María, soy Araceli.
Estoy aquí en uno de los claros
del bosque, esta tarde pasearemos juntas.
MARÍA
-¡Araceli, amiga mía, mi Antígona, has venido!
Las hermanas se estrechan durante un rato en silencio
y caminan a paso lento,
se encuentran en el lugar de
los sueños infantiles de María en las tierras andaluzas que la vieron nacer.
Y aquel
otro momento bajo la oblicua luz de la tarde, en lo que debía de ser el patio de su casa natal de Vélez Málaga.
ARACELI
- ¿María, has visto la estela que dejan las gaviotas en su vuelo?
Nos traen mensajes, algo nos quieren
contar.
MARÍA
-Procura estar atenta, Araceli,
tú gozas de más intuición, como nuestra madre. Mi vida ha transcurrido dando prioridad a todo lo relacionado con
el pensamiento, pero comprendí, a la
manera unamuniana, que hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.
Mis reflexiones me han llevado a considerar aquellos
delirios a través
de una razón poética. ¿Cómo
entiendo yo si no mi destino personal,
mi destino en lo universal?
Había llorado tanto por
querer lo que no querían darle, por querer a quien no la quería, y porque sí (…) por haber sido demasiado rica y colmada
de ternura y amor; de los padres, de
otras gentes; por haber vivido en aquellos jardines maravillosos con la nostalgia siempre de otro lugar más
encantado, su Andalucía natal quizá, dejada atrás tan pronto; por nostalgia de una felicidad
perdida
ARACELI
- Qué rápido
pasaron aquellos años en Segovia también, María, tú dedicabas mucho tiempo al estudio, la diferencia de
edad en los primeros años nos distanciaba
y veía a mi hermana mayor siempre entre libros, pero el tiempo que compartimos nos divertíamos juntas. Nos educaron en la generosidad,
en el amor a los demás. Recibimos un trato muy
cuidado y una educación especial por aquellos
grandes maestros que fueron nuestros
padres. Me recuerdas
a nuestro padre en tus primeros años, cuando yo no había
nacido, me hablas de tu primer viaje en sus
brazos allí en el patio de Vélez en la casa familiar. A la ciudad donde
nos han traído para no volver a separarnos.
Y en aquellos viajes del
suelo a tan alto, debió de aprender también la distancia, y el estar arriba, ver el suelo desde arriba,
(…) es el comienzo del mirar de verdad, del mirar que es
vida.
MARÍA
-Estábamos destinadas a viajar,
Araceli, ¡cuántos delirios vividos y asumidos!
Hemos pasado a la memoria, al recuerdo, qué rápido se desvaneció aquel
tiempo vivido, como en fotogramas.
Nuestros padres nos enseñaron a tratar a los demás mejor de lo que se merecían, como dijo Shakespeare en Hamlet.
Vivimos con tanta
ilusión aquellos años en Madrid, es una ciudad hermosa, el azul de su cielo me acompañó siempre. Mis
años en la universidad, mis primeros cursos
como profesora de adolescentes en el Instituto
Escuela, ¡qué recuerdos!
Aquellas reuniones en la
habitación de la Residencia de Estudiantes con un grupo de jóvenes que pensábamos aportar lo mejor de cada uno de
nosotros a este país, de llegar al
lugar más recóndito y alejado tanto por la distancia o el pensamiento, a cada pueblo y ciudad de España para extender la educación y la cultura
a todos sus moradores, llegar a los niños y niñas, a los adultos que no
sabían leer. ¡Qué gran proyecto
comenzó su andadura!
Era la historia de España que se despertaba en
aquella hora precisa, que se ponía en movimiento,
desde el corazón y el ánimo esperanzado; y enigmática se proyectaba sobre el cielo implacablemente azul de
Madrid, 1929. Sí, toda la vida, y también la
historia parecía aguardarla. Le daba tiempo, le darían tiempo, para
todo: sí, estoy aquí.
En mis incipientes años de activismo
político acudíamos a nuestros pueblos
y ciudades, sus gentes salían a recibirnos con tanta esperanza.
Huían del delirio y de la consiguiente asfixia;
querían encontrar la medida justa, la proporción
según la cual la convivencia fuese efectiva, viviente, según la cual España fuese un país habitable para todos los españoles.
Y no, no pudo
ser, quedaron frustradas esas esperanzas. Aquella lucha fratricida tan larga y sangrienta cercenó la vida de
mucha gente, qué tremenda esa gran pérdida.
Después la posguerra y la limpieza, cuánto miedo pasaron tantas y tantas familias
escondidas y en silencio.
Yo me marché más lejos, pero tú
te quedaste en París con Manuel y Araceli, nuestra madre. Blas Zambrano
murió en Barcelona
y Araceli Alarcón
en París, qué largo exilio, hermana. ¡Qué exilio tan largo!
Y en París estaba su madre, su hermana y el hombre a
quien su hermana estaba unida amenazado en grado extremo. París, Europa, la madre. No había ya
remedio.
Tú me recuerdas
a nuestra madre, te quedaste en París, la cuidaste hasta su muerte. Y las visitas a la cárcel de la
Santé para ver a Manuel y llevarle lo que tú
pudieras aportar de lo
que él necesitaba. Tú que habías nacido
para el amor te fue devorando la piedad. ¡Hermana, Antígona,
cuánto sufrimiento!
Después tratamos de sobreponernos
para vivir mejor, viajamos por Latinoamérica
y Europa, nos recibieron los amigos y nos ayudaron
en nuestras estancias en unos u otros países. Nos acogieron y
compartimos la vida con escritores e intelectuales en todos los países donde nos instalamos, ya fuera por una larga
o corta temporada.
ARACELI
-Te estoy escuchando, pero mira,
esa gaviota sigue insistiendo en su vuelo y se
acerca más, en la estela que deja se puede leer: Horizonte del liberalismo. Es el
título de tu libro, María, nos está recordando tus libros. Ahí viene la
otra gaviota y nos deja en su vuelo Hacia un saber
sobre el alma.
MARÍA
-Sí, Hacia un saber sobre el alma lo escribí en 1934, me dirigí tan
contenta a ver lo que opinaba mi
maestro. Me alejaba de él –me dijo don José. A los maestros nos cuesta aceptar que los alumnos tomen
caminos diferentes, pero así es algunas veces.
Sufrí tanto, sufrí tanto cuando pensaba
que no me querían. Incluso en el Instituto
Escuela me costaba ponerme delante de aquellos adolescentes. Yo me
sentía bastante bien, mas no me
resultaba fácil el día
a día, su transcurrir.
ARACELI
-María, otra vez las gaviotas, esta vez he podido
leer: Los intelectuales en el drama de España. Y la otra gaviota
nos acerca Filosofía y poesía. Vas uniendo el
pensamiento y el sentimiento. Aquí llegan con otro
título: Pensamiento y poesía en la vida española.
Es como si hubieras aprendido lo
mejor de cada uno de nuestros padres y te ayudaran
en tu argumentación filosófica: Araceli es poesía, un pensamiento por intuición, es el hallazgo. Y Blas la
razón, la filosofía que no cesa de preguntarse, esa continua duda que
no permite vivir en el sosiego.
Consigues aunar pensamiento y
poesía, propones la razón poética, vivimos tiempos de existencialismo, de razón vital e historicismo. Es como si, a través de un método,
se pudiera asumir el delirio para procurar vivir hacia la piedad, las
utopías son necesarias.
Nuestros padres, maestros de vocación, se complementaron a lo largo de la vida. Blas
siempre escuchaba a Araceli
con mucha atención.
-Y tú, mujer, ¿por qué sabes esas cosas?
-No sé, se me figuran, pero mira, fíjate.
¿No observas?
Blas nos enseñó
a mirar, a procurar esa perspectiva de lo que nos rodea. Y a respetar a cualquier individuo más de lo
que se merece. Araceli era gran observadora
con una intuición extraordinaria. Nuestros padres fueron grandes pedagogos, maestros de vocación. Desde el
año 1939 no volvimos a España, yo nunca
más, pero ahora estamos aquí juntas. Me sobreviviste, María, alguna se tenía que quedar para conseguir memoria y
proyección histórica, dar a conocer nuestra
vida de exiliadas. Tú te marchaste a Latinoamérica y yo me quedé en Europa con Araceli, nuestra madre, mis
años en París los dediqué entre otras actividades
a estar pendiente de Manuel, las visitas a la cárcel para apoyarlo en su injusto encarcelamiento…, a soportar y
sufrir tantas torturas físicas y psíquicas hasta
su fusilamiento después de ser entregado al gobierno español. Vuelven las gaviotas de nuevo para recordarnos más
publicaciones, tus estudios políticos e investigaciones
sobre Séneca, cada vez eres más conocida en Latinoamérica. Es admirable tu dedicación y la búsqueda de
un método al que te ha llevado tanto estudio.
Nos hablan las
gaviotas en la estela que dejan y se puede leer: La confesión, género literario
y método, editado en México, también El
pensamiento vivo de Séneca y La agonía de Europa, estos dos títulos dados a conocer gracias a
editoriales argentinas.
Mientras tú seguías escribiendo
yo permanecí en París con nuestra madre y pendiente
de Manuel, vivimos años de tanta tortura y violencia que aquella etapa me dejó
agotada.
Una conciencia inocente
que vigila movida por la piedad; sí, Antígona.
MARÍA
-Sí, Araceli, naciste para el
amor y fuiste devorada por la piedad. Te quedaste en Europa en aquellos años convulsos, a Manuel lo extraditaron a
España y no lo pudiste despedir, no
lo volviste a ver nunca más, ¡cuánto delirio! Yo no volvería a ver nunca más a nuestra madre, llegué
tarde. La gestión para poder volver a Europa
resultó tan larga, la documentación no llegaba, no la recibí
a tiempo, llegué
tarde y no pude despedirla. Te encontré a ti
abatida, aquel silencio al vernos
expresó lo que
nos queríamos decir. Nos encontramos sin palabras, los gestos y las miradas
hablaban por nosotras. ¡Derrotadas por el sufrimiento!, ¡y qué alegría
me produjo tu presencia, verte a
ti, volver a encontrarnos, ya no nos separaríamos!
Y se encontró a solas con su hermana, ya que la madre había bajado a
tierra dos días antes de que el avión la depositara en Orly.
Y comenzó su inacabable delirio.
La esperanza fallida
se convierte en delirio.
Después de viajes por
Latinoamérica y Europa con estancias más o menos largas sobre todo en la Habana, logramos instalarnos en Roma, la década
de los cincuenta la pasamos allí.
Gozamos de la gran fortuna de ser acogidas por nuestros amigos, de compartir la vida con amigos allí donde
llegábamos, disfrutamos aquellos años, pese
a todo, Araceli.
Y se
encontró al lado de su hermana bajando la escala, pisando ya la tierra del
nuevo mundo, en la Guaira;
se dio cuenta de que iba
sonriendo, aunque nadie
la esperaba.
Los años vividos en Roma fueron muy fructíferos, nos reuníamos con poetas y escritores españoles
e italianos, nuestros queridos amigos. En Buenos Aires editaron Hacia un saber sobre el alma, la primera publicación de esta década
de los cincuenta, luego en México El
hombre y lo divino y en Puerto
Rico Persona y democracia.
Empecé a ser más conocida y
llegaron ecos a España, en Roma publicaron en
traducción italiana I sogni e il
tempo y en nuestro país La España de
Galdós. Tuvimos que salir de Roma
porque no se nos permitía vivir con tantos gatos. Hermana, demasiados gatos. ¡Qué duro aquello también!, esta vez
será nuestro primo Rafael quien nos ayude para instalarnos en Suiza,
en la casa de La Pièce.
ARACELI
-María, recuerda que antes de instalarnos en el Jura francés viajamos
de nuevo, incluso fui a México para pactar con
Alfonso una ayuda económica para ti sin conseguirlo.
Una vez instaladas en La Pièce
nos visitaron amigos de todas partes y continuó nuestra vida social gracias a ellos. Casi otra década allí
juntas, aquella vida en el campo, los
paseos por los alrededores de nuestro hogar, unos años diferentes, María. Ahí vienen nuestras amigas las
gaviotas, de nuevo, en 1965 te editan en Barcelona,
México y Roma, esta vez nuestras amigas las gaviotas en su estela nos permiten
leer: España, sueño y verdad.
El sueño creador
y La vocación de maestro.
MARÍA
-Sí, Araceli, yo soy cada vez más
conocida y tú te vas marchando. Me inspiras La tumba de Antígona editada en México
y va fraguándose y te dedicaré Claros del bosque, se publica ya sin tu
presencia, ¡cuánta soledad me dejas, hermana, mi amiga, mi Antígona! Fueron editados en Barcelona y siguieron
publicando en España algunos títulos
de escritos anteriores y de otros ensayos que se fueron forjando años posteriores, en el 1981 se publica Dos escritos autobiográficos, en el 1984 Andalucía, sueño y realidad.
Algunos amigos atraídos por mis
escritos comienzan a gestionar mi vuelta a nuestro
país, mi agotamiento debe ser bastante llamativo, se ponen en contacto con las autoridades españolas y logran
instalarme, al fin, en un lugar cerca del Parque de El Retiro madrileño.
ARACELI
- Los sueños, María, nos
aferramos a los sueños para poder vivir el día a día, yo tuve que partir, el agotamiento no me permitía vivir más. Nuestros
padres estaban con nosotras y yo seguí también contigo.
La vocación de nuestros padres, esa vocación
de maestro de la que ellos eran portadores, como la de otros maestros, hubiera sido algo hermoso que los maestros
hubieran llegado a toda España más rápidamente.
Aquellos maestros y maestras que salieron de la experiencia de varias décadas, en la llamada Edad de
Plata. Aquella generación de jóvenes formados
gracias a las ideas de la Institución Libre de Enseñanza con Giner de los Ríos y otros ideólogos, tú misma
participaste en alguno de esos proyectos de una educación laica. Gracias a la puesta en práctica del proyecto de
la Junta de Ampliación de Estudios
intercambiamos conocimientos con otros países. Tantas ideas que se pusieron en práctica para llegar a todos los
rincones del país, pero todo quedó
frustrado, y tantos años de aislamiento posteriores. Estos proyectos, pese a ser ralentizados por la dictadura,
dieron sus frutos años más tarde y en los años sesenta
comienza una apertura
al mundo, sobre todo a Europa.
Ya sé que para ti soy Antígona,
que me buscas en los claros del bosque y me dedicas
algunos de tus escritos, de una manera más explícita a partir de ese momento en el que no pude más y me tuve
que marchar. Pero ahora estoy aquí contigo, en realidad nunca te dejé sola, seguíamos
juntas.
En España cada vez eres más conocida por parte de escritores,
editores, políticos y comienzan
las gestiones para que vuelvas a nuestro país. Después de haber pensado en varios lugares para que
vivieras cómodamente la última década de tu vida
te instalan en Madrid. Incluso cuentas con una secretaria para ir publicando los escritos de tantos años de pensamiento
y estudio. Y se editan en España de manera
tan profusa que, en el 1989, ven la luz cuatro títulos. Entre ellos Delirio y
destino que, aunque lo escribiste en 1953 no se da a conocer hasta
el 1989, es una autobiografía en
tercera persona, en ella dejaste escrita parte de nuestra vida. Y ven la luz algunos más de tus libros
gracias a editoriales con sede en: Barcelona,
Madrid, Málaga, Altea, Salamanca, Valencia.
Varios reconocimientos institucionales y culturales consiguen que
seas conocida por una parte del profesorado y alumnado de nuestro país.
Aquí llegan de nuevo
las gaviotas y nos dejan una estela donde podemos leer las siguientes
publicaciones de 1986: Senderos (antes
se publicó con el título de Los intelectuales en el drama de España), y otro libro más De la Aurora.
En el 1989 dejan una gran estela, se pueden leer: Notas de un método, Algunos lugares
de la pintura, Delirio
y destino, Para una historia de la piedad.
Y Los bienaventurados, en el 1990, lo último que viste publicado en vida. Llegaron
otros títulos más tarde ya sin ti, incluso
han sido editadas tus Obras completas.
He formado parte de nuestra
historia gracias a ti, sobre todo, de no haber sido así hubiera quedado en el olvido como tantas y tantas mujeres
anónimas. Gracias, hermana, la tenacidad y el estudio
te acompañaron siempre.
Te trajeron a España
para recuperarte, te llegaron
los merecidos homenajes
y se da a conocer mucho más tu obra escrita, se sucedieron los
premios, incluso el Príncipe de Asturias y el Cervantes.
Tus
investigaciones vinieron a dar a través de un método la razón poética, pensamiento que vislumbra la piedad. Me parece que te he entendido algo,
hermana.
La noche
nos va a sorprender si seguimos
paseando, María, se acabó el paseo
por hoy, te has escapado de tu
secretaria y hemos vuelto a los días en los que caminábamos juntas.
Ha llegado la hora de partir, ¿me acompañas?
Ven, María, tiéndete aquí en el
suelo junto a mí y vamos a intentar volar una vez más, lo tenemos que conseguir. Extiende tus brazos junto a los
míos, tratemos de imitar el vuelo de las gaviotas,
las que nos han acompañado para contar parte de lo que escribiste en esa autobiografía en tercera persona que es Delirio
y destino.
Ahora vamos a intentar volar
igual que gaviotas, extiende los brazos junto a los míos y déjate llevar, llega el vuelo, un infinito vuelo a la
manera de las gaviotas. - Tengo que marcharme –continúa Araceli. ¡Acompáñame!
MARÍA
-Sí, ahora no nos separaremos nunca más –asiente María.
El vuelo de las gaviotas es un cuento
escrito en Marbella
y fue acabado el 23 de abril
de 2021.
Las frases seleccionadas de Delirio y destino y
los títulos de los libros de María
Zambrano están escritos en cursiva.
Mercedes Merino Verdugo
EXILIO INTERIOR
Y PIEDAD EN MARÍA ZAMBRANO
Al grupo Liberadillas ideado por Viky, el grupo en principio lo
constituíamos cinco y hemos quedado
cuatro: Viky Frías, Lola Gil, Esther González y quien escribe la dedicatoria.
Escribo desde
la soledad en la que me encuentro, pues motivos personales y esta pandemia me han llevado a dar tumbos de un
lado para otro durante varios años, aislándome
un poco más de lo que es habitual en mí. En este momento vivo en Andalucía, muy cerca del lugar donde nació
María Zambrano, la filósofa veleña. Cuando
llegué a Andalucía pensé que tenía que retomar la investigación y estudio sobre la filósofa, pero de manera
diletante, dejarme llevar y ver si me inspiraba al leer su legado filosófico y poético para escribir más acerca de ella.
Me encontraba
inmersa en esas intenciones
cuando recibí una misiva a través del correo
electrónico donde se me proponía que escribiera algo sobre este momento
de pandemia y el futuro que nos espera. Y María Zambrano
surgió, como una luz a seguir, en este denso bosque enmarañado
que se ha ido formando por estas circunstancias adversas
en las que está sumida la humanidad.
Mi amiga Esther, una de las
participantes en el grupo Liberadillas, me estaba proponiendo que escribiéramos algo sobre la situación actual y
aventurarnos a dar una respuesta
de futuro. ¡Vaya asunto!
Bien, se me ha ocurrido unir mi
intención y su propuesta, a modo de investigación, tratar de descifrar a través del legado zambraniano qué nos
diría ella al respecto. Pues el
camino que emprende para vislumbrar la piedad, también me vale a mí, puesto que el discurrir hacia la piedad
puede ser diverso, una luz que nos alumbre
y nos sirva de guía, encaminarnos hacia una de las múltiples utopías.
Algo así como conseguir un estado de
gracia, a la manera weiliana, donde la vida ya no se puede vivir de otra forma sino desde ese despertar de la
conciencia y el corazón, Simone Weil
fue tan coherente que lo vivió hasta las últimas consecuencias y se dejó llevar.
Momentos de crisis, como esta
crisis sanitaria que padecemos hoy, a nivel global a causa de la pandemia y con una información en tiempo real, no
han podido ser vividos hasta ahora
porque los logros alcanzados en la ciencia y tecnología por la humanidad son los que son y no se contaba
antes con ellos, la globalización se ha conseguido,
en la enfermedad ya lo hemos experimentado bastante. Crisis, lo que entendemos por crisis, siempre se han dado
en la sociedad; ya sea en un país o en varios
países. Comprobamos que este problema sanitario se extiende a todos los habitantes del planeta. Parece que fue Einstein
quien dijo aquello de que no sabía cómo
sería la tercera guerra mundial, pero la siguiente se resolvería a pedradas por el poder de destrucción masiva que
había alcanzado la humanidad. Hace tiempo
que vivimos diferentes crisis mundiales, suelen ser económicas las más de las veces, aunque se manifiestan como sanitarias, políticas, sociales.
Ahora la economía también es más global porque los avances científicos
han ayudado a conseguir la
globalización en todo y es, quizá, por lo que cada vez nos afecta más a todos lo de todos. Tantas crisis que
parece que haya llegado esta forma de vida en
estado crítico para quedarse. Pues ya iremos viendo aquello que dijo
Einstein, quien lo vea o veamos, cómo
se resuelven estas múltiples crisis, algunas veces desencadenantes de guerras mundiales, y de qué manera se llevará
a la práctica la siguiente crisis,
catástrofe o guerra, y ya la verá si es que alguien llega a verla. No obstante,
siempre queda la esperanza de que el ser humano resuelva sus problemas mediante el diálogo.
Las guerras,
las crisis, las catástrofes naturales son un gran parón en la vida diaria y suelen traer cambios sociales.
Son momentos críticos que llevan al ser humano a límites casi insospechados, cuando se piensa
que no puede llegar nada
peor…, vaya si llega, se presenta otro momento personal y político que
parece insuperable a sí mismo.
La filósofa veleña supo bien lo que son estos momentos
adversos por los tiempos en los
que le tocó vivir. Cuando parecía que la vida empezaba a sonreír a la sociedad española en general gracias a todos los
avances que se consiguieron en educación, sanidad,
igualdad entre hombres y mujeres; logros para vivir en una sociedad más justa, culturalmente hablando inmersa en
la que hoy llamamos Edad de Plata, se les viene
todo abajo. De lo que se sufrió aquel entonces en España se ha escrito
suficiente para saber de qué hablamos, tratemos de no olvidarlo
para no volver a las andadas. Y qué decir de lo ocurrido
en Europa, las hermanas Zambrano pueden
dar buena cuenta de guerras, y vuelta a empezar en su vida personal y social.
La filósofa española tuvo que
tomar el camino del exilio, como tantos otros, salió junto a una cantidad enorme de hombres y mujeres que pensaban de
manera diferente y lucharon en el
otro lado por sus ideas, tras el golpe de estado que dio paso a aquella guerra incivil. Pero, quienes pierden la guerra
son los que se van o se silencian
porque no se les permite desarrollar sus ideas y poner en práctica una propuesta social, cultural, económica
y política para todos los españoles, fueran
de la ideología que fueran.
María Zambrano vivió un largo
exilio que ha sido conocido por su dedicación al estudio. Y desde ese exilio impuesto y llegado a él por tantas
circunstancias adversas, ese exilio
exterior por el que tiene que salir fuera de las fronteras españolas, desde ese exilio, me ha
parecido a mí, es capaz de bajar a los ínferos del alma y en ese reconocerse a sí misma, al que se puede llegar a
través de un exilio interior, en las
entrañas mismas del ser y, a través de un método, gracias a su bagaje filosófico y místico se encamina
hacia un encuentro universal desde lo personal
al que ella vislumbra y le da el nombre de piedad, retomando el concepto cristiano pero desacralizado y
poniéndolo al alcance de cualquiera que se atreva a emprender el viaje. Las crisis es lo que tienen que
necesitamos salir de ellas, qué menos. Así es
como he entendido yo a la filósofa.
María Zambrano se acerca al
misticismo a través de algunos pensadores del saber en cuestión, tuvo bastante influjo de San Juan de la Cruz,
Miguel de Molinos y otros nombres de
la mística sufí. Aprendiendo de esos gigantes, por aquello de que caminamos a hombros de gigantes, que ella conoció
le ayudaron a dar un paso más en
la búsqueda de un método. Pero a la vez tuvo que conocerse más a sí misma desde ese llamado exilio interior, los
ínferos del alma al decir zambraniano, y haciendo
camino da con el concepto de piedad, como he dicho antes, y lo digo porque
lo he leído en su obra, cuando
pensaba en la vida de su hermana
Araceli.
¿Será una luz vista en
los claros del bosque?
A mi modo de ver llegamos a estos
momentos negativos que nos ponen en jaque en
lo personal y, otras veces, a la humanidad entera porque no sabemos
vivir mejor. Aprendemos y
desaprendemos lo aprendido como por arte de magia y cada cual tiene que encontrar su camino, pero a la
manera machadiana: ¿Tu verdad? No, la Verdad, y ve conmigo a buscarla. La tuya,
guárdatela. Es como si, desde lo personal,
tuviéramos que acercarnos a lo universal cuando lo que queremos lograr
es una sociedad más justa. El gran
lema de nuestras mujeres feministas lo
personal es político, atribuido a Kate Millet. ¿Pero de qué verdades
estamos hablando? Será de las que se puedan universalizar, de esas, de las que valen para ti y para mí. No de la
tuya o la mía, las que suelen ser más egoístas porque las buscamos según nuestros intereses. Esas no nos valen para
una sociedad más justa, necesitamos aspirar
a una sociedad más justa para todos los habitantes de esta tierra, en algo así tiene que consistir la globalización, pienso yo.
María Zambrano desde los ínferos
del alma y con todo su bagaje místico-filosófico sale, como impulsada por un resorte, hacia esa luz que
encuentra en los claros del bosque, con un método
que es guía en un camino hacia la piedad.
Durante unos meses de esta etapa
de pandemia, a modo de letanía o mantra, me dediqué
a leer a la filósofa veleña, y encontré entre las entradas a un blog notas que subí en otro momento
en las que me refería
a ella. Un blog con comentarios de
una amiga en años de gran
bonanza, ¡qué años aquellos!, las entradas de aquel tiempo me ayudaron
de igual manera
a saber algo más de ese camino zambraniano para dar con la salida de una crisis, salida necesaria. Quizá más que quedarnos con lo que nos llegue o lo que nos
encontremos, lo que hay que considerar es qué
respuesta podemos dar ayudadas con esos conocimientos, noticias o
vivencias que adquirimos y que
hacemos nuestras para poder cambiar el estado en el que hemos venido a dar, en ese devenir personal o
universal en el que nos sentimos inmersas para salir de él.
Y así, si somos conscientes y nos
guían pensamientos generosos y los buenos sentimientos,
los que se pueden universalizar, parece que no nos queda otra que encontrar nuestro camino, la búsqueda de
una guía, un método, que nos ayude a conseguir
un proyecto, algún fin. Un estado en el que nos sintamos en plenitud y armonía
con nosotras mismas y
con nuestra gente, con todos.
Lo consiguiera
o no parece que es a lo que se encaminó María Zambrano y lo que me ha llevado a mí a acercarme más a ella
a través de su obra escrita. ¡Allá en la luz! Es una posibilidad que, en esta época de crisis, hayamos
aprendido a organizar nuestro día a día en un camino
hacia una sociedad más justa. Esa posibilidad luminosa
que nos guíe por un camino hacia una utopía,
llamada piedad o cualquier otro concepto que pueda unirnos
y queramos conseguir juntos.
Somos animales racionales
colmados de deseos, un manojito de deseos-me
dijo una amiga-, pero necesitamos
salir de la inmanencia y transcender. Necesitamos acercarnos a la transcendencia, sea como sea.
Cada persona en particular tiene que tratar de que su camino
esté de acuerdo
con sus ideas, pero, cada
individuo será más coherente y vivirá más acorde con una justicia social, si el camino personal es bastante parecido a lo
que se pueda compartir en un camino
universal. ¡Es una posibilidad de acercamiento a la utopía!
Y el futuro, una vez más, depende de toda la humanidad, aunque de unos más que de
otros porque ostentan mayor poder, qué
duda cabe.
En
Marbella, de marzo a mayo del año 2021. Mercedes Merino
Verdugo
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