
Algunas chicas buenas
saltaban a la cuerda
cuando todas éramos
candorosas y tiernas.
Años de infancia
con sospecha
a la espalda
sin haber hecho nada.
El trabajo era el juego
y la educación ni un deseo.
Veníamos del hambre,
la miseria y la guerra.
Existía algo silenciado
de lo que no nos librábamos.
Después llegaron
otras cuerdas
que oprimían el cuello,
la cabeza y el pecho:
España dividida
en malos y buenos.
A quienes nacimos
en la zona muerta
de esa España hambrienta,
a algunas y algunos
hijas e hijos,
nos contaban
que no se podía hablar
por miedo al qué dirán
o a lo que te harán.
Llegamos a jóvenes
pensando en otros tiempos
y como nuestros ancestros
dijeron: mande quien mande
abajo estaremos.
Han pasado los años,
hemos prosperado,
pero vienen de otras partes
a resolvernos los trabajos
mal pagados, ahora
a ellos les toca
ser los silenciados.
M. Godúver