jueves, 21 de febrero de 2013

LA CONDESITA

                                      Dolores Juliano





La condesita era una niña con unos preciosos ojos y miraba sorprendida a todo cuanto aparecía a su alrededor. Pero se encontraba aislada frente a ese mundo maravilloso que veía. Miraba horas y horas a través de las ventanas, de las ventanas fijas y de las ventanas móviles, para ver aquel exterior tan apetecible al que salía tan pocas veces. Se sentía atrapada entre los muros de la vivienda que la acogía, en el coche que la transportaba al colegio, en los aviones que la habían llevado a visitar otros países.
Observaba el universo desde los lugares que se le habían asignado. Un mundo que no podía conocer de otra manera y le daba vueltas y vueltas a esta idea. La realidad se le presentaba como mágica, de la que no podía disfrutar. Se sentía limitada en esa sociedad a la que pertenecía.  Y lo pensó en varias ocasiones.
Una mañana se despertó, desayunó con sus padres. Sus padres le dijeron que tenían que salir unos meses de viaje y habían decidido que ella no los acompañaría esta vez y que la trasladarían a la finca donde vivía la abuela. Se quedó un poco triste porque no los vería durante el tiempo que estuvieran lejos. Dos días más tarde la llevaron junto a su abuela, se despidieron y se marcharon dejándola allí,  en la vivienda que tenían en el campo.
La condesita se quedó con la abuela y los  trabajadores al servicio de aquella inmensa mansión. Los primeros días transcurrieron como otro día cualquiera cuando estaba de vacaciones, pues era verano. Una de las tardes que miraba por la ventana vio a niños y a niñas jugando por los alrededores. Y, como su abuela le había dicho que saldría a visitar a una de sus amigas, aprovechó la ocasión para salir de la casa, atravesó el jardín y caminó hasta llegar junto al grupo de niños que había visto algunas veces desde el interior de la vivienda. Se acercó a ellos y les preguntó sus nombres, les dijo el suyo. Una vez presentados los componentes del grupo la invitaron a que se uniera a ellos para jugar y se dio cuenta de que había sido admitida, excepto por uno de los muchachos. Tuvo que esperar hasta que una de las chicas intercediera por ella diciendo que era otra amiga y que la tenían que dejar jugar.
Reían, saltaban, corrían y se entretenían de manera divertida; de forma algo diferente a  como jugaba con sus compañeras del colegio. Elegían los juegos sin demasiado orden: saltaban o se escondían y alguien iba a buscar a los demás, algunas veces corrían unos tras otros… se reían, se empujaban, se enfadaban y hacían las paces e incluso se abrazaban entre ellos de una manera desenfadada y sin ñoñerías.
Se dio cuenta de que tenía que regresar a casa y les dijo que volvería otro día. Le contestaron que estaban encantados, que podía jugar con ellos cuando quisiera.
Se encontraba tan emocionada que solo pensaba en lo que había vivido, en su habitación se miraba a sí misma y a todo lo que tenía a su alrededor. Recordó lo bien que se lo había pasado sin necesidad de utilizar tantos juguetes, comprobó que  aquellos nuevos amigos salían al campo a divertirse y se lo pasaban muy bien. Estaba un poco preocupada porque le sería difícil volver a salir fuera sin antes habérselo contado a su abuela  y tendría que pedirle permiso para poder  repetir la experiencia.
Cuando llegó una de las señoras del servicio a su habitación para llamarla, pues la cena estaba servida, le contó que había salido al campo y que  había estado jugando con los niños y niñas que veía desde su ventana. La criada le preguntó que si no conocía a esos muchachos y ella le dijo que antes no, pero que ahora eran sus amigos. La señora sonrió porque dos de aquellos chicos eran su hijo y su hija y, los otros,  los hijos e hijas de algunos de los labradores de aquellas tierras.
-¿Vuestros hijos? –preguntó sorprendida porque ella se acababa de enterar.
-Sí, nosotros vivimos en esa casita de ahí y los otros en aquellas que se ven un poco más lejos, los chiquillos salen a divertirse todos los días, puedes unirte a ellos, pídele permiso a tu abuela, seguro que aceptará. 
Se lo contó a su abuela y, aunque le dijo que tendría que habérselo dicho antes y se enfadó un poco; no obstante, la abuela pensó que su nieta era tan traviesa como había sido ella de pequeña y le dio permiso para poder salir unas horas al día con sus nuevos amigos.
Al día siguiente, al ver que la pequeña se alejaba para reunirse con los amigos sonrío con ternura, comprendía que los cuentos que ella le contaba mientras la sentaba sobre su regazo ya no eran suficiente, que la pequeña estaba creciendo.
A partir de aquella tarde salió todos los días a entretenerse con sus amigos, le enseñaban otro tipo de juegos y la llevaron a lugares que ella no conocía, aunque formaran parte de las tierras del condado. Le mostraron algunos animales que ella había visto en  los libros, le explicaban como se reproducían, incluso pudo asistir al nacimiento de algunos cachorros. Le hablaban de las plantas y de las flores de aquellos parajes. Le explicaban que cuando salen muchas hormigas en fila y van cargadas hasta su guarida era porque llovería o habría tormenta. Observaba que la relación con algunos animales era diferente a la que había visto en la ciudad. Y se bañaban en el río, en una parte acotada del río para chapuzarse en el agua.
Simpatizó especialmente con los hijos de los guardeses, los que vivían más cerca de la vivienda de la finca, sobre todo con la niña que era de su misma edad. Pudo comprobar que algunas de las chicas que viven en el campo comparten con los chicos juegos que ella consideraba de chicos. Su amiga la puso al corriente de todos los que vivían por allí, hablaba y hablaba sin parar. Siempre le estaba contando historias de aquellas gentes, de sus costumbres.
También supo de las necesidades que pasaban algunos campesinos pobres porque no había prosperado la siembra por falta de agua y habían visto mermada la cosecha prevista. De las enfermedades que padecían los habitantes de aquellas tierras y de su poca oportunidad para sanar por falta de personal especializado. Conoció a algunos niños y niñas que no iban a la escuela porque tenían que ayudar a sus padres desde muy temprana edad. Vio trabajar a algunas mujeres que no descansaban casi nunca y  también vio a algunos hombres que se reunían en la plaza del pueblo o en la taberna después de la faena.
A lo largo de unos años, durante las vacaciones, compartió algunas horas al día con aquellos niños que vivían cerca de su gran casa de campo porque los padres de aquellos chavales trabajaban para su familia. Todo este tiempo vivido junto a aquellas gentes fue de vital importancia en su niñez y adolescencia y le ayudaría a actuar en la vida de manera distinta a como tenía que haberse comportado por su condición social.
Y así, la condesita conoció a aquellas personas humildes que también formaban parte de su existencia.
Pasaron los años, terminó sus estudios y, desde su profesión, no dejó de denunciar injusticias y trabajar para conseguir un mundo más igualitario. Pues todas esas temporadas que vivió junto a aquel grupo de chavales fueron un recuerdo inolvidable.


 M. Godúver

jueves, 14 de febrero de 2013

PPIINA




‘El permiso de paternidad’. 
Vídeo del programa ‘Para todos la 2’ de TVE emitido el 16 de enero de 2013, en el que la PPiiNA, representada por María Pazos, habla sobre los permisos iguales e intrasferibles, esa autovía directa (sin peaje) hacia la igualdad real. La acompañan Irene Lapuerta y Aharón Fernández de AHIGE
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viernes, 4 de enero de 2013

"MUJERES BAJO SOSPECHA", EXPOSICIÓN EN EL ATENEO DE MADRID

                                            "Las modernas"
                                                       


https://www.youtube.com/watch?v=XLfREPV33s8


Del 11 de enero al 10 de febrero de 2013 en la Sala Prado 19. Horarios: De martes a viernes de 17.00 a 20.30 horas. Sábados de 11.00 a 15.00 y de 17.00 a 21.00 horas. Domingos de 11.00 a 15.00 horas. Exposición comisariada por Raquel Osborne y María Rosón.
La sexualidad de las mujeres entre 1930 y 1980 es el tema que guía esta exposición. A través de los objetos y documentos que estuvieron cerca de la vida de las personas, se marca un recorrido temático y no lineal entre lo íntimo y lo público, lo popular y las élites, lo anónimo y los personajes con nombre y apellidos. Un mosaico inacabado con unas protagonistas, las mujeres puestas bajo sospecha durante la dictadura franquista, que a pesar de estar duramente reprimidas o aburridamente conformadas, en ocasiones encontraron espacios en los que expresarse con voz propia. Cartel. Imágenes.
En la dictadura franquista se exigió a las mujeres un exceso de virtud, encarnar un modelo de decencia y castidad que “limpiara” la “degradación moral” republicana. Durante este periodo se alcanzaron aspiraciones de emancipación fundamentales: el acceso a la educación, al trabajo, al voto o al divorcio. Las mujeres empezaron a destilar modernidad.
Catalogadas como individuas de dudosa moral, su acceso a la ciudadanía fue castigado ejemplarmente durante la dictadura a través de cárcel, violencia, exilio, silencio o uniformidad. Monjas y falangistas de la Sección Femenina trataron de domesticar a las mujeres para ajustarlas al modelo de madres y esposas sacrificadas. Sus armas, el nacionalcatolicismo y la férrea disciplina impuesta en los cuerpos. La publicidad, la moda o el espectáculo se encaminaron a la construcción de mujeres decentes.
No siempre se consiguió y por los intersticios de una cultura pretendidamente monolítica surgieron ideas imprevistas y reinterpretaciones imaginativas: algunas disidentes sexuales crearon espacios de libertad. Al final de la dictadura y con la transición democrática emergieron corrientes feministas y de libertad sexual. Política y sexo en femenino se empezaban a manifestar públicamente y con voz propia.
Organiza
Universidad Nacional de Educación a Distancia
Financia
Ministerio de Presidencia
Colabora
Ateneo de Madrid


MUJERES BAJO SOSPECHA. MEMORIA Y SEXUALIDAD (1930 ...

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Jan 21, 2013 – La exposición “Mujeres bajo sospecha. .... IUC califica el nuevo plan de Guaguas de Las Palmas como "insuficiente" y "excluyente" · Santurzy ...

Álbum en El País sobre la exposición. Podrás descubrir algunas de las piezas de la exposición.http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/11/album/1357926313_645755.html#1357926313_645755_1357927947





La sexualidad (in)visible

Una muestra rastrea el adoctrinamiento y la represión femenina durante el franquismo


Una imagen de una prostituta y un vecino del Raval. / JOAN COLOM
Una pareja recién casada mira con gesto serio a la cámara. La foto es de 1901. En el acta matrimonial constan como Mario y Marcela, pero en realidad Mario es Elisa. Es probablemente uno de los primeros matrimonios homosexuales documentados en España y el engaño permitió pasar por el altar. Su historia forma parte de la exposición Mujeres bajo sospecha: Memoria y sexualidad. La muestra repasa la sexualidad femenina en la España del siglo XX. Desde las modernas que en los años 30 se cortaban el pelo como los chicos, hasta el destape y el feminismo de los 70.
“Durante el franquismo no se hablaba de las lesbianas, eran invisibles. Sin embargo hubo leyes específicas de represión. De ahí la importancia del disimulo”, destaca Raquel Osborne, una de las comisarias de la exhibición. La ocultación dificultó la recolecta de datos y las investigadoras tuvieron que ir más allá de documentos oficiales para descubrir el rastro que dejaron las mujeres que retaron a las convenciones. Testimonios, fotografías y ropa ayudan a retratar a las “duramente reprimidas y aburridamente conformadas”. Los objetos recomponen un relato que en gran medida permanecía en la oscuridad.
La exposición reúne las notas que se escribían las niñas en un colegio religioso, revistas femeninas y testimonios orales. “Mantén la pureza este verano”, le escribía una colegiala a otra en el reverso de una estampita. También se reconstruyen los códigos a los que recurrían las homosexuales de Barcelona. “Librera’ significaba ‘lesbiana‘ y ‘tebeo’, era una jovencita”, explica Osborne.
Durante el franquismo el cuerpo de la mujer era algo prohibido”, señala la comisaria. De ahí el uso del pololo, los pantalones abombados que cerraron la polémica del deporte entre Iglesia y Falange. “Para la Sección Femenina el culto al cuerpo era muy importante pero las monjas no querían que se marcaran las formas”. La solución fue este pantalón abombado de dudosa comodidad para hacer estiramientos.
La muestra insiste en los contrastes. Dos juegos de la oca, uno con imágenes religiosas y otro con dibujos eróticos. Un cilicio frente a un libro de artes amatorias. También historias personales: la de la escritora feminista Carlota O'Neill, viuda de un militar republicano que pasó cuatro años en prisión, frente a la de Josefina Vilaseca, niña que murió por las heridas de una violación frustrada. La Iglesia la usó como ejemplo de castidad. “Era un ejemplo: antes morir que pecar”, explica la comisaria María Rosón.
Mujeres bajo sospecha. Ateneo de Madrid. Hasta el 10 de febrero. Gratis.


EL PAÍS

La sexualidad (in)visible

Una muestra rastrea el adoctrinamiento y la represión femenina durante el franquismo


IMAGEN:   Una imagen de una prostituta y un vecino del Raval. / JOAN COLOM

Una pareja recién casada mira con gesto serio a la cámara. La foto es de 1901. En el acta matrimonial constan como Mario y Marcela, pero en realidad Mario es Elisa. Es probablemente uno de los primeros matrimonios homosexuales documentados en España y el engaño permitió pasar por el altar. Su historia forma parte de la exposición Mujeres bajo sospecha: Memoria y sexualidad. La muestra repasa la sexualidad femenina en la España del siglo XX. Desde las modernas que en los años 30 se cortaban el pelo como los chicos, hasta el destape y el feminismo de los 70.
“Durante el franquismo no se hablaba de las lesbianas, eran invisibles. Sin embargo hubo leyes específicas de represión. De ahí la importancia del disimulo”, destaca Raquel Osborne, una de las comisarias de la exhibición. La ocultación dificultó la recolecta de datos y las investigadoras tuvieron que ir más allá de documentos oficiales para descubrir el rastro que dejaron las mujeres que retaron a las convenciones. Testimonios, fotografías y ropa ayudan a retratar a las “duramente reprimidas y aburridamente conformadas”. Los objetos recomponen un relato que en gran medida permanecía en la oscuridad.
La exposición reúne las notas que se escribían las niñas en un colegio religioso, revistas femeninas y testimonios orales. “Mantén la pureza este verano”, le escribía una colegiala a otra en el reverso de una estampita. También se reconstruyen los códigos a los que recurrían las homosexuales de Barcelona. “Librera’ significaba ‘lesbiana‘ y ‘tebeo’, era una jovencita”, explica Osborne.
Durante el franquismo el cuerpo de la mujer era algo prohibido”, señala la comisaria. De ahí el uso del pololo, los pantalones abombados que cerraron la polémica del deporte entre Iglesia y Falange. “Para la Sección Femenina el culto al cuerpo era muy importante pero las monjas no querían que se marcaran las formas”. La solución fue este pantalón abombado de dudosa comodidad para hacer estiramientos.
La muestra insiste en los contrastes. Dos juegos de la oca, uno con imágenes religiosas y otro con dibujos eróticos. Un cilicio frente a un libro de artes amatorias. También historias personales: la de la escritora feminista Carlota O'Neill, viuda de un militar republicano que pasó cuatro años en prisión, frente a la de Josefina Vilaseca, niña que murió por las heridas de una violación frustrada. La Iglesia la usó como ejemplo de castidad. “Era un ejemplo: antes morir que pecar”, explica la comisaria María Rosón.
Mujeres bajo sospecha. Ateneo de Madrid. Hasta el 10 de febrero. Gratis.






Rojas, enfermas y pecadoras

Publico.es-Jan 12, 2013
La exposición 'Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad' analiza el papel de la mujer desde la II República hasta la Transición prestando ...







Cuarto Mundo - « Mujeres Bajo Sospecha . Memoria y ... - RTVE.es

www.rtve.es> ... > Radio Exterior > Cuarto Mundo  - Traducir esta página
16 de enero 2013 - La Exposición Mujeres Bajo Sospecha (Memoria y sexualidad 1930-1980), está ... Escuchar audio Cuarto Mundo - « Mujeres Bajo Sospecha .



¿Sabéis que en la exposición os podéis encontrar un fabuloso cuadro de Maruja Mallo? 
La artista Maruja Mallo, su compañera de estudios Margarita Manso y la poeta, 
campeona de natación y gimnasta, Concha Méndez, fueron amigas y compañeras 
de correrías en los años veinte y treinta del pasado siglo. 
Pioneras en la utilización del bikini, la práctica del deporte, el baile del charlestón, 
también comenzaron a lucir por las calles de Madrid su cortas melenas sin sombrero. 
Esta práctica ―posiblemente importada por Margarita Nelken desde Inglaterra― 
se conoció como sinsombrerismo y constituyó una potente transgresión de 
las normas del decoro, abriendo un camino, que “junto a la batalla por el pelo corto”, 
permitió a muchas mujeres hacer de su aspecto e indumentaria un signo de 
libertad y modernidad.







sábado, 29 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

EL CANTO DE UN PAJARITO


                               Hisako Takegami



EL CANTO DE UN PAJARITO, PARA BRUNO


Las primeras nevadas no tardarían en caer y cubrirlo todo con su grandioso manto blanco, faltaban dos meses para que llegara el crudo invierno.
Bruno salió del colegio y se dirigió hacia su casa. Caminaba deprisa, arrebujado en su abrigo con las manos en los bolsillos, la mochila colgada en los hombros pendía tras la espalda. Vio, a lo lejos, que caía del árbol un cuerpo y no podía distinguirlo. Se acercó apresuradamente para saber qué era, había un pajarito tendido en el suelo, medio moribundo. Lo cogió en sus manos, le dio calor, espiró repetidas veces sobre su cuerpo hasta reanimarlo. Y al fin, sintió que se movía.
Bruno respiró profundamente, su esfuerzo no había sido en vano. Comenzó a sentir una gran alegría dentro de sí.
El pajarito hizo un movimiento brusco y, puesto que el niño lo sujetaba suavemente, se le escapó de las manos, pero no pudo hacerse mucho daño porque Bruno estaba en cuclillas y, por tanto, cerca del suelo. Esperó un poco antes de volver a cogerlo por si era capaz de volar y quería marcharse, mas no fue posible porque sus fuerzas eran escasas. Tuvo que reanimarlo como al principio, esta vez se recuperó antes pero no se movía mucho, solo daba señales de vida.
El pajarito parecía estar bien en el cobijo de las manitas de Bruno, el niño se sentía tan feliz, empezó a comprender que el pajarito estaba a gusto y su contento aumentaba.
Se atrevió a acariciarlo y a “Topi” -así llamó a su amigo pajarito- le gustó que lo tocara suavemente. Siguió en las manos del niño dando muestras de agradecimiento, movía sus alas, no para volar sino para que el pequeño supiera de su existencia y comprendiera que se quedaba con él porque quería. Bruno, enterado del mensaje, siguió acariciándolo y le hablaba con cariño.
-Topi, le dijo, para que su amigo supiera el nombre que él le había asignado.
El pajarito estaba más recuperado porque empezaba a gorjear. Bruno sonreía, sonreía y le trasmitía un sinfín de emociones nuevas a su pequeño amiguito.
-Vola, Topi! Vola, Topi! –le repitió varias veces.
De pronto, Topi empezó a volar y el niño se puso triste porque pensó que el pajarito se iría, pero no fue así, se posó en uno de sus hombros, Bruno apenas podía hablar de lo emocionado que estaba pero le dijo dulcemente.
 -¡Ah, Topi, amigo! Tú sí que eres mi amigo, no quieres irte.
El niño caminaba con alegría, Topi volaba de un lado a otro alrededor de su cabeza.
Bruno sabía que los pájaros tienen que estar libres y no lo quería retener, llevárselo a su casa, enjaularlo. Aunque no era por falta de deseos.
Cuando llegó junto a la puerta se paró y le dijo:
-Sé que no quieres seguirme, espérame, salgo ahora.
El niño entró y al poco tiempo volvió con unas miguitas de pan, extendió la mano y Topi, que había permanecido esperando cerca de la puerta, fue hasta el niño, se posó en la mano y comió lo que le ofrecía su amigo.
Bruno se despidió hasta la tarde, cuando salió de la casa el pajarito estaba por allí esperándolo. El niño iba al colegio acompañado de su amigo Topi, le daba comida, jugaba con él.
Por la noche, antes de irse a dormir, miraba al árbol que había frente a su ventana y Topi ya estaba dormido. Veía a lo lejos una pequeña bola y sabía que aquella bolita de carne, huesos y plumas era su pajarito, su amigo, su Topi.
Después se metía en la cama contento y cerraba los ojos  para dormirse pronto, pasar la noche y despertarse temprano para ver a su amigo. Cada mañana lo oía cantar, al levantarse, lo primero que hacía era ver a Topi, el pequeño animal se encontraba en el árbol, por el césped del jardín o bien cerca de su ventana.
Bruno desayunaba, cogía una porción de pan y salía hacia el colegio. En la puerta se encontraba con Topi revoloteando tímidamente.
Los días que pasaron juntos estuvieron llenos de regocijo por parte de ambas criaturas.
-Ya llegan Bruno y su amigo Topi –decían los niños al verlos.
A Bruno le gustaba que reconocieran la amistad que mantenía con el pajarito, quería que Topi fuera más amigo de él que de los demás niños; aunque jugara con todos. Pues, a quien esperaba al salir de casa era a él, a quien saludaba por las mañanas… quien le daba más veces de comer al pajarito era él. Él le puso el nombre, él lo vio primero. Por todo esto él sabía que su mejor amigo, sin lugar a dudas, era él y le gustaba que los demás niños también lo supieran.
Los padres se habían dado cuenta de lo alegre que estaba su hijo y del cariño que sentía hacia Topi, se preocupaban un poco porque estaban muy cerca las primeras nieves y  los pájaros emigraban a tierras más cálidas. No quedaban muchos de su especie por allí y Topi tendría que dejar estos parajes no pasando mucho tiempo.
Cómo explicarle al niño que eso es lo que suele pasar, cómo decirle que quizás luego volvería, cómo… Quizás era mejor dejar que un día se despertara y no estuviera por allí. No sabían qué hacer. Lo hablaron algunas veces y al final decidieron contárselo.
-Bruno –le dijo su madre.
-Sí, mamá.
-Cuando llega el invierno, hace mucho frío y los pájaros se marchan a tierras más cálidas, después vuelven.
-Todos no se irán.
-Se van todos, -dijo el padre.
-Pero Topi tiene amigos.
-Luego vuelven en la primavera, -dijo la madre.
-Pero Topi no se irá.
-No lo sé, mi vida, pero si se va no tienes que ponerte triste. Aquí hará frío y no podrá quedarse, se moriría, -le dijo su madre.
Bruno pensó que le daría calor como la primera vez que lo vio y no tendría que irse. Aunque sabía que sus padres no solían equivocarse. Por tanto, se puso un poco triste, pero al salir y ver a Topi se dio cuenta de que nada de lo que le habían contado sus padres había ocurrido y volvió a sonreír.
Pasaron algunos días más, se le había olvidado lo que le dijeran sus padres porque todas las mañanas encontraba a su amigo esperándole: se saludaban, le daba de comer, jugaban con los amigos. Transcurría el tiempo y ellos permanecían acompañados el uno del otro.
Un día, al levantarse, se acercó a la ventana, como siempre, pero no vio a Topi.
Miró hacia el árbol y no estaba, no había ningún otro pájaro por allí, el cielo se había teñido de blanco, como para nevar.
Esperó un rato más y Topi no llegó.
-Mamá, papá –gritó compungido.
-Buenos días, pequeño, ¿qué ocurre? –dijo su madre.
-Topi no está, ¿dónde está?
-Se habrá marchado, empezará pronto a nevar, en el invierno no puede quedarse, vendrá después.
-Ya no jugaré con él, ¿quién lo cuidará?
-Él sabe cuidarse, -le dijo su padre.
Bruno lloraba, sollozaba tristemente. La madre lo abrazó.
-Mi pequeño, no te preocupes, volverá, sólo tienes que esperar a que llegue la primavera. Y corroboró el padre acariciando al niño.
-Vosotros nunca os equivocáis. ¿Verdad, papá?, ¿verdad, mamá?
Salió de casa, esta vez no llevó miguitas en la mano ni la extendió al salir para que comiera su amiguito, ya no estaba por allí.
Para Bruno fue un largo y duro invierno, todas las mañanas se asomaba al exterior por si hubiera vuelto Topi y pensaba muchas veces: “¿Cuándo llegará la primavera?”
El invierno le parecía interminable.
Empezó a hacer menos frío, los días eran más largos. Bruno sabía, por lo que le habían dicho sus padres, que ya estaba cerca la primavera, que Topi podría volver de un momento a otro. Y todos los días miraba varias veces por los lugares que solía encontrar a su viejo amigo.
¡Hacía ya tanto tiempo! –pensó.
Una mañana, se despertó de pronto, oyó el canto de un pájaro en el exterior. Se tiró de un gran salto de la cama y se dirigió a la ventana emocionado de alegría.
-¡Ha vuelto Topi!, ¡ha vuelto Topi!... ¡Mamá, papá… he reconocido su canto!






M. Godúver



                       

martes, 30 de octubre de 2012

PPIINA. PLATAFORMA POR PERMISOS IGUALES E INTRANSFERIBLES DE NACIMIENTO Y ADOPCIÓN

UNANIMIDAD EN EL CONGRESO: TODOS LOS GRUPOS PARLAMENTARIOS (PP, PSOE, CiU, IU, UPyD, Grupo Mixto) A FAVOR DE LOS PERMISOS IGUALES E INTRANSFERIBLES

La Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados ha aprobado por unanimidad una Proposición No de Ley en la que se insta al Gobierno a “avanzar hacia la equiparación de los permisos de nacimiento, adopción y acogimiento entre ambos progenitores de forma que ambos cuenten con el mismo período personal e intransferible, eliminando las disfunciones existentes en la legislación actual al respecto y, singularmente, evitando la subrogación de derechos que han de ser individuales."
.
Celebramos que el trabajo realizado por la PPIINA haya dado tan buenísimos resultados: efectivamente, a lo largo de los últimos siete años hemos ido viendo cómo la sociedad abandonaba la ancestral concepción de los padres como amables colaboradores, hasta llegar a la convicción de que es necesario eliminar todos los pilares de la división sexual del trabajo; y de que la desigualdad entre los permisos de padres y madres es el más emblemático de estos pilares.
Ahora, puesto que hay unanimidad en el Poder Legislativo, tan solo falta llevar a cabo la reforma legal. Si de verdad los Señores y Señoras Diputadas/os quieren eliminar estas ‘disfunciones existentes en la legislación actual’ (lo que es precisamente su trabajo), ahí tienen La Propuesta de Reforma de los Permisos elaborada por la PPIINA, que sigue esperando en el Congreso de los Diputados a que el Pleno la incluya en el orden del día para su discusión. Si ese momento llega próximamente, lo que la PPIINA no duda a la vista de tan unánime reconocimiento, será una buena ocasión para que cada grupo exponga detalladamente sus cuentas en lugar de escudarse en la expresión ‘cuando la coyuntura económica lo permita’ Porque la excusa de la crisis no se sostiene: la PPIINA tiene bien hechas las cuentas y está en situación de demostrar que esta reforma no sólo esviable sino que es más urgente precisamente debido a la crisis.
Además de felicitarnos por el gran éxito de nuestro trabajo, agradecemos la contribución de todas las personas y asociaciones socias de la PPIINA, así como de todas las personas que siguen defendiendo esta reivindicación desde sus grupos feministas, desde sus asociaciones y redes sociales, desde sus partidos y sindicatos, desde sus cátedras, desde sus periódicos y agencias de noticias, y desde todos los ámbitos. Este éxito es de todas las personas que luchamos por la igualdad total.
En la PPIINA seguimos trabajando e insistimos: ¡dejemos de utilizar la crisis como excusa para negar derechos a la ciudadanía!

jueves, 27 de septiembre de 2012

Al alba...






algunas mañanas
salgo temprano para ver
si las calles están
sin gente y la ciudad duerme
para comprobar que amanece
como un día más,
que va llegando la luz
y se apagan los faroles.


M. Godúver

miércoles, 15 de agosto de 2012

POR UN MUNDO JUSTO




Los conceptos rico y pobre
habrían desaparecido.
No se utilizarían las palabras
machismo o feminismo.
Las niñas y los niños
jugarían a lo mismo.
En un mundo justo
los privilegios y el egoísmo
serían un anacronismo.



M. Godúver

lunes, 30 de julio de 2012

EL CABALLITO VOLADOR






Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar,
y por la crín lo cogía...                                                     
 (Antonio Machado)




A unos cuantos kilómetros del pueblo se veía una pequeña casa. Las personas que la habitaban eran dos, una señora y un niño: madre e hijo.
La diminuta vivienda los acogía lejos de amigos y parientes. Aquellos parajes grandiosos, bonitos, ¡tan verdes!, eran suficiente para que estos seres vivieran contentos.
El agua descendía por los insignificantes cauces de la montaña, viniendo a desembocar en un remanso claro, dulce, fresco y limpio.
Los altos y frondosos árboles sombreaban el lugar. El cielo, esa inmensa capa de tonos azules, blancos, grises; siempre impenetrable.
Comenzaba un nuevo día, Pilar procuró hacer los trabajos más duros antes de que se levantara Gonzalo, él quería cooperar en todo.

                                           “El niño se despertó”

-Mamá, ¿por qué no me llamaste?
-Ven, pequeño, colócate bien la camisa, todavía puedes ayudarme. Vamos a regar las plantas.
Terminadas las faenas, Gonzalo podía irse a jugar.
Bebió apresuradamente un tazón de leche. Corrió hasta su lugar favorito.
Miraba el azul del cielo, el verde de la vegetación, el colorido de las flores. Oía el piar de los pajarillos, el correr del agua, el sonido interminable de la naturaleza. Y vio unas lindas mariposas que volaban cerca de él.
Todo aquello lo conmovía y se sentía feliz, corría de un sitio para otro, observaba la vida de los diminutos insectos. Terminaba extenuado. Se dirigía hacia un frondoso árbol bajo el que solía descansar, allí se tumbaba en estado de reposo.

…Todo le daba vueltas. De pronto vio venir un caballito blanco, parecía como si flotara, no dejaba huella en la hierba.
Podía subir sobre el lomo, el animalito estaba cerca y lo invitaba a que montara sobre él.
Se sintió emocionado. ¡Tenía un amigo para jugar! Se agarraba a la crin, pero suavemente, no fuera a dañarlo. El caballo se movía, galopaban. En un momento se alejaron de allí, no sabría decir cuánto habían cabalgado, volado más bien.
Lo transportó a un lugar desconocido y se encontró con muchos niños, todos parecidos a él, lo esperaban para jugar. Le ofrecieron extraños objetos que pretendían ser juguetes. ¡Era un mundo tan nuevo! Varios chicos y chicas lo cogieron de la mano y lo llevaron junto a los demás, el gesto le encantó.
Cuando estuvo junto a ellos todos querían saludarlo.
-Un nuevo amigo –decían.
Dos de los niños, un poco más altos que el resto, comenzaron a caminar seguidos por todos los que estaban allí. Llegaron a un inmenso lago, vio una gran barca que se aproximaba a la orilla, subieron a la barca. Navegaron horas y horas, mientras tanto se entretenían con juegos divertidos que él no conocía.
El paisaje le proporcionaba una sensación de júbilo. El niño se sentía muy contento. Todo cuanto veía estaba como dispuesto para su dicha.
Y por fin, entraron en una oscura cueva, después de un rato les sorprendió una potente claridad. Sí que se estaba bien –pensó-, había de todo y no necesitaba nada.
Los niños se organizaron en grupos y uno de ellos se dirigió a Gonzalo para decirle que se reuniera con los del número cinco.
Tenían que realizar un trabajo muy fácil. Por la mañana despertaban al sol y con sus risas lo tenían todo el día ocupado, radiante, hasta que llegaba la noche y lo dejaban descansar. Entonces se dirigían hacia el lecho de la luna y la despertaban para que velara durante la noche mientras el sol dormía.
Ahora comprendió Gonzalo por qué no veía nunca juntos al sol y a la luna.
Puesto que era muy curioso quiso que le enseñaran lo que hacían los demás grupos.
Aceptaron los niños y lo dejaron pasar al número cuatro.
Este trabajo no parecía complicado, tenían que mantener llenos de agua los mares, ríos, lagunas… y que las montañas permanecieran en su sitio, que reinara la armonía entre el agua y la tierra. Unos grandes depósitos contenían agua y caía hacia abajo cuando abrían las compuertas. Ellos sabían bien el agua que se necesitaba.
Gonzalo no llegó a entenderlo del todo, le pareció difícil que luego se repartiera por todas partes; por unas más por otras menos.
Sin pensarlo más pidió que lo llevaran hacia aquellos que colgaban el número tres. Estos eran unos niños más especializados, las tareas empezaban a complicarse. Vigilaban todas las plantas del universo, cuidaban de que siguieran viviendo, que ninguna especie desapareciera, que las flores salieran en la misma temporada, que el fruto no se malograra. Y así, comprendió que existieran tantas y bonitas plantas. Pero se preguntaba por qué, a veces, se estropeaban, cuando estos niños las cuidaban tan bien. A pesar de tantas cuestiones sin responder quiso que lo llevaran donde estaban los del número dos. Son muy listos –pensó- conocían todas las especies del reino animal y se ocupaban de su conservación con mucho mimo.
Velaban por los más pequeños, seguían su proceso vital para que nada les ocurriera. Si alguna vez morían los padres, ellos cuidaban más detenidamente de esos animalitos huérfanos.
Este trabajo le pareció aún más difícil que los anteriores y, aunque no lo tenía nada claro –no lo que ellos hicieran sino lo que después sucedía en ese mundo que cuidaban-, ¡era todo tan distinto a lo que ellos pretendían!, les dijo que le mostraran el grupo número uno.
-A éste no lo podrás ver –dijo uno de los niños más altos.
-¿Por qué?
-Solamente uno se encarga de velarlo, pero sin trastocar nada.
-¿Qué es lo que vigila?
-A los hombres.
-¿A todos?
-Sí.
-Entonces verá a mi papá.
-Claro.
-Y no podrías pedirle, por favor, que me dejara verlo.
-No creo que sea posible.
-Si yo sólo quiero verlo para saber cómo está.
-¿Es que no vives con él?
-No, se fue a trabajar y vive muy lejos de casa.
-¿Hace mucho tiempo que no lo ves?
-Muchos años.
-Quizás acepte si se trata de tanto tiempo para ti.
El niño que había estado hablando con Gonzalo se dirigió a una de las puertas de la inmensa sala y desapareció tras ella. Después volvió con una pequeña bola de cristal en la mano y se la entregó a Gonzalo.
-¿Qué es esto? –le preguntó.
-Si la miras con atención podrás ver a tu papá.
-Gracias, sabía que me dejaría verlo.
Se puso muy contento cuando vio a su papá. ¡Es mi papá! –gritó emocionado- pero se entristeció porque estaba entre muchos otros hombres con caras tristes, malhumorados.
-¿Por qué si cuidáis tanto del universo no sale bien? –le preguntó al niño que lo acompañaba.
-Eso nos preguntamos nosotros y el secreto está ahí dentro. El número uno vigila a los hombres, pero les deja que hagan lo que quieran porque dice que son libres y los ama mucho. Y ellos, no saben valorar el gran regalo que se les da.
-¿Podríais hacer algo?
-No, nosotros no.
Vio venir al caballo blanco, se vio sentado sobre él y voló muy de prisa, era acariciado por el viento.

                                          “¡El caballito voló!”

Pilar estaba preocupada porque no había vuelto Gonzalo. Salió de la casa y se dirigió hacia donde su hijo solía jugar, lo llamaba repetidas veces: Gonzalo, Gonzalo…
De pronto lo vio tendido bajo un árbol, dormía plácidamente, una de sus manos la tenía metida en el bolsillo y la otra suavemente cerrada, hacia arriba.
-¡Gonzalo!
-Sí, mamá.
-Estabas dormido, es hora de comer.
-Mamá, ¿los caballos vuelan?
-No, mi niño.
Entonces se apresuró a sacar la mano del bolsillo para enseñarle la bola de cristal. Abrió la mano y no había nada.
Siguió caminando junto a su mamá y comenzó a contarle todo lo que le había sucedido.
-Claro, pequeño, estabas soñando.
-Pero yo he visto a papá y era de verdad…


                                        


                                “Y ya no volvió a soñar.
                                Pero el niño se hizo mozo”




M. Godúver