lunes, 15 de septiembre de 2008

¡EL TREN!

Viajo.
Por la ventanilla veo
los paisajes manchegos.
Se suceden las viñas,
recuerdo la laboriosidad
de sus gentes hasta extraer
el néctar embriagador
de esos racimos a ras
del suelo.
Cómo se tiene que
doblar el cuerpo
para llenar la
espuerta,
después a la bodega;
más tarde, servido
en caras copas
en restaurantes de
diseño.
Parece que quien
pone la guinda
merece
el reconocimiento.
¡Para comer un pastel
muchas manos
han tenido que
dejar su piel.
Los trabajos
del campo los conozco
desde mi niñez!

M. Godúver

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