ALETEO DE LETRAS
Encuentros con Alfonsa de la Torre y Rojas
y Ángeles Fernández de la Borbolla
I
Me encontré
con un libro de la poeta Alfonsa.
Quedó guardado
hasta que un día
reapareció en mi vida.
II
Esta etapa era otra,
me impulsaba el entusiasmo
y empecé a preguntarme
quién sería la Alondra.
1
I
Una noche…
subí a la terraza
para recoger sábanas.
De pronto, oí el suave
aleteo de un pájaro
que se posaba en la cuerda
y me miraba de cerca.
Me sorprendió su belleza,
me aproximé
para acariciarle el plumaje.
Cuando lo hube tocado
un haz de luz
me obligó a cerrar los párpados.
Sentí un escalofrío
porque alguien acariciaba
mi mano
y me invitaba a caminar
muy despacio.
No me salía la voz,
la respiración me abandonaba,
sin embargo sentía una paz
inmensa.
Así comenzó
el ir y venir de encuentros.
II
Caminaba con ella, señorita
del pasado, quedábamos
cerca de un jardín
las tardes de los sábados,
junto a la verja
de la calle Fortuny,
en la Residencia
de sus años de estudiante.
2
El reloj marcaba más
de las veintidós horas.
Alfonsa me cogió la mano
y, como dos personajes
escapados de un cuadro
de Chagall,
volamos hasta la copa de un árbol.
En un vuelo lento
bordeamos las ramas
sin tocarlas, su mano y mi mano
permanecían unidas.
Sin dirigirnos la palabra
nos trasformamos en cuerpos
ingrávidos.
El silencio acompañaba
interrumpido, en ocasiones,
por un diálogo susurrante
como llegado de otra galaxia.
Comenzó a relatarme
retazos de su vida.
Se rodeó de libros y otros
bienes que le legó su padre
y al lado de Juanita
comenzó una vida en pareja.
3
Había nacido en Cuéllar.
De niña perdió la vista,
después la recuperó
y desde entonces lograba
intuir lo que otros no veían.
Las garras del patriarcado,
con la férrea mano
de su hermano Basilio,
y la dictadura
no la dejaron en paz.
¡Cuánto la incordiaron:
cercenada en vida
y olvidada durante años!
4
Me situé junto a la verja
de las glicinias y miré a través
de los barrotes por si la viera.
Transcurridos
quince minutos
la sentí muy próxima.
Llegó con mirada
melancólica, poco cariñosa,
pero me cogió de la mano
y volamos.
¿Qué estará recordando?
Nuestros ingrávidos
cuerpos sobrevolaban
el jardín de la Residencia.
Durante vueltas y vueltas
comenzó a susurrarme frases
entrecortadas.
Me hablaba de sus años
de infancia, de sus viajes.
5
Mientras leo Égloga
me recorre un escalofrío
por todo el cuerpo,
como si alguien estuviera
a mi lado leyendo.
Alfonsa comienza
a acariciarme el cabello,
me coge la mano
y traspasamos los cristales
de la ventana.
¡Volamos al jardín
de nuestros encuentros!
6
I
Plantas y rosas
en
a la reina del Irán
para entregarte
al escribirlo.
Lista extensa
nombrando flores…
como si las rosas cayeran
del cielo para encontrarse
con Platero
en aquella hora del Ángelus
que soñara Juan Ramón.
II
Me he encontrado
con ella después
de haber leído la Oda.
Esos versos
que dirige a un amante,
¿cómo deberíamos entenderlos?
¿Se desborda
la imaginación de Alfonsa
y proclama
el amor que siente?
¡Se desborda la poeta
contemplando rosas!
Llega,
me ofrece su mano,
volamos.
7
Hoy, hemos visitado
“la Colina de los chopos”,
alegría y viaje
al pasado.
Miramos a jóvenes
de la Edad de Plata
que se reúnen en tertulias
y conferencias
antes del desastre de la guerra.
Volvemos a la verja
de las glicinias,
nos adentramos en
y vemos a varias señoritas:
es un grupo de las Modernas
reunidas en una gran sala
compartiendo ideas.
Alfonsa aparece entre ellas,
y señala con el dedo
a aquella joven que entonces fue
para que yo la reconozca.
8
I
Hoy está triste el jardín,
en las plantas se ven
las lágrimas.
Alfonsa llega vestida de oscuro.
Sobrevolamos
silenciosas.
Los desastres
de la guerra nos mantienen
en suspenso:
tantos años de combate
convirtieron la convivencia
en penalidades y llantos.
Después,
tantas décadas de desconsuelo.
II
Si empuñamos las armas
y nos arrojamos las letras…
9
Nos vemos, como otras veces,
junto a la verja de las glicinias
nos cogemos de la mano.
Esta vez volamos
por la Castellana
hasta el café Gijón,
vemos al grupo
reunido en torno a la poesía.
Cuando regresamos
se le caen las lágrimas,
quizás por algo que le pasa
a su compañera Juana.
Acaricio con mis dedos
los suyos
por si le sirve de consuelo.
10
Otras veces…
miramos al cielo
y me cuenta sus secretos.
Estos encuentros
resultan próximos,
espaciados,
sabrosos,
pautados, rítmicos
muy intensos
y aromados.
11
Me preparo para salir al cine.
De pronto, oigo el revolotear
de un pájaro en el alféizar
de mi ventana.
No lo dudo un segundo,
cambio de planes,
la sigo por ese guiño cómplice
que reconozco.
12
Después de algún tiempo
volviste por aquí en
“un revolotear de pájaros
remotos”.
Me despierto de un sueño.
Esperas.
13
En el jardín luce el sol,
los árboles se desperezan
para saludarme
cuando me acerco.
Miro por todos los rincones
por si la viera.
Desde hace un tiempo
no aparece,
como si ya no fuera necesaria
su presencia.
14
Hoy está mojado el jardín,
las glicinias lloran
su ausencia…
en el invierno
a las hadas les cuesta volar.
Siento húmeda la cara,
la lluvia se ha confundido
con las lágrimas.
15
Me recoge,
nos vamos al jardín.
Me deja en la copa de un árbol,
ella se va a otro cercano
y allí, al vuelo,
recitamos poemas.
16
Vivió en La Residencia,
luego Colegio de Santa Teresa,
profesora universitaria,
investigadora, sabia.
Y, de pronto, se retira…
lejos de tanta necedad.
17
I
Seremos como dos ranas
en una Charca
con sus delantalitos blancos,
rememorando aquellos
lagartos de nuestro
Federico, el poeta asesinado.
II
Convertimos las nanas
de la cebolla
en nanas
de amapolas,
hortensias,
alelíes y otras flores.
18
Mientras espero
dos de tus escritos,
de nuevo tú.
Te recuerdo
entre estanterías
libros,
algo habitual
en mi vida.
Vienes y vas,
aunque te alejas
sigues cerca.
19
Desciende la fuente
por un hilo armonioso,
murmullo de pájaros
al precipitarse
en el agua verdiclara.
Rubor de nenúfares
al ser sorprendidos,
otras hojas junto a ti.
A lo lejos,
cerca. Siempre.
20
¡Alfonsa!, ¡Alfonsa!
Llegó la madrugada
y con ella un repiqueteo
de campanas desde Cuéllar.
Huele a flores de antaño
y correr de agua,
a conventos en silencio
de siglos, a celdas
azules para azucenas
desencantadas.
Y a ti, Alondra.
Sueño con tu Charca
desde el postigo
de san Martín.
21
Te pregunto por Juana
y me hablas de sor Nada.
La dama de soledad
que se fraguó en el Gijón
fue uno de los motivos
para aislaros en celdas azules.
Seguimos en un vuelo
silencioso en aquella noche
de abril.
Recordamos algunos párrafos
del cuento de las azucenas.
Nos despedimos
con deseos
de reencontrarnos.
22
Paseo junto al muro
del jardín.
Voy rápido.
Su fragancia consigue
que pare la vida.
Me lleno de aire
repetidas veces
para sentirla cerca.
23
Esta luz recóndita
de la caída de la tarde
me atrapa, me enajena.
Vuelves a mí
afirmándome.
No sé contar lo mucho
que te echo de menos,
por estos jardines
paseo y paseo para
sentirte próxima.
24
En el tejado una ventana
espía a las paseantes
del jardín…
atalaya centenaria o no.
Quizás sí, ¿quién sabe?
¡Cuánto me cuesta
soportar el peso
de tu ausencia!
25
Algunos días
me regalas media hora.
¡Qué contenta!
Abro el libro,
leo. Vuelves.
Los ojos se tiñen
de un cielo gris.
¡Es tremendo!
Se oye tu canto.
Y es azul.
26
Llegaste a mí
en un revolotear
de pájaros remotos.
Me invitaste a tu vuelo,
permanecí en suspenso
durante años.
¡Bailamos!
27
Otro jardín del pasado…
se suceden imágenes
por el devenir
del tiempo
en un correr de agua.
Recuerdo cuando
llegabas
mientras te leía.
28
Aquella barbarie
me deja perpleja.
El poder mal utilizado
enturbia la vida.
¡Parón. Retroceso!
Se acabó la “Resi”.
29
Llegaste a mí
entre secretos, poco precisa.
Mi ilusión te
esperaba,
satisfacciones
en el aire.
Te fuiste
como llegaste.
Desapareciste
una vez más,
nunca para siempre:
tus escritos esperan.
30
Frente a mí la “Resi”,
varias fotos ilustran
la época de las Modernas.
Mujeres uniformadas
con sus vestidos
zapatos, cabellos.
¿Estabas aquí
otra tarde en este
instante?
31
En este ir y venir
en el tiempo
me sobrecojo
cada vez que
apareces.
La variedad
de temas
en tus escritos
manifiestan
lo preparada
que estás.
Llegaron tiempos
difíciles, décadas
de tedio. Retrocesos.
Las luces de aquellos
años de la Edad de Plata
tuvieron que quedar
a la sombra o fuera
del país. Tú,
te refugiaste
en la Charca.
32
Calle Fortuny
número cincuenta y tantos.
Paso al jardín
miro hacia arriba
me saludas radiante.
Bajas. Subo. ¡Volamos!
33
Te pregunto por Juana
y no me respondes.
¡Aquellos años con ella!
Vuestra relación:
Ángeles y tú, tú y Juana.
34
En el poemario
Plazuela
de las obediencias
te muestras mística
esotérica, algo maga
documentada.
Adentrarme en tus versos
es como encontrarme
en un laberinto y perderme.
Son momentos de gozo
y vuelvo una y otra
vez a leer, leer, leer.
35
I
Pájaros en vuelo, remotos,
de otros tiempos.
Ahora, a solas,
nos despedimos
sin razón ni sentimiento.
Aquí, en este mes de abril
cuando todavía suena
la música de tus versos.
II
Pues sí, llegaste
cuando menos lo esperaba
y te marchas sin decirme
lo que quieres.
III
Me abandonaste
o cerré el capítulo.
¿Quién deja a quién?
¿Te fuiste o dejé de leer?
Difícil saber el desenlace.
Permanecen tus palabras.
36
Farolas encendidas
en paseos no frecuentados.
Al aire libre calor y escarcha.
La Castellana de árboles
frondosos, el café Gijón
y aquellos años…
37
Tú, tú, tú,
de nuevo tú.
Intentos de olvidarte,
de no leerte ni frecuentarte.
Llegas a mí.
Incondicional yo,
tú te impones.
38
¡Me han sacado de un sueño!
Carmen ha detectado
mi presencia y me insta
a que abandone el jardín.
Me acerco. Me identifica.
Tengo permiso hasta las dos.
De nuevo tú: vienes, vas,
revoloteas por mi cabeza.
39
En la buhardilla.
Más arriba del tejado,
agotada la posibilidad
de cobijo, intuyo tu mirada.
Sí, miras.
Me llega insistente tu mirada.
Me recojo y te recojo,
me ensimismo en ti.
40
En el otro jardín
fuentes sonoras
junto a ruidos altisonantes.
Te siento a mi lado,
recito en silencio
algunos de tus poemas.
Sonríes entre flores
silvestres, aromáticas.
¡Magia! He acariciado
tus palabras mientras
pasaba las hojas.
41
Llego. Estás.
Me sonríes.
Un haz de colores
luminosos
transforma el árbol.
42
En el jardín
castañetean las ramas:
el invierno y los jardineros
lo han dejado aterido.
43
En la Residencia
se reúnen
deportistas, políticas,
científicas, escritoras,
educadoras;
mujeres eruditas,
sabias, genias.
Este listado
es una pequeña muestra
pero fueron
centenares quienes
accedieron a la enseñanza
superior:
Alfonsa de la Torre,
Amalia Galárraga,
Amparo Hurtado,
Carmen Baroja,
Carmen de Burgos,
Carmen Conde,
Carmen de Mesa,
Carmen (Hildegart) Rodríguez,
Carolina Toral,
Clara Campoamor,
Clemencia Laborda,
Concepción Arenal,
Concha Espina,
Concha Méndez,
Elena Fortún,
Ernestina de Champourcín,
Isabel Oyorzábal,
Jimena Menéndez,
Josefina Carabias,
Josefina Romo,
Lily Álvarez,
Lucía Sánchez Saornil,
Marga Donato,
Margarita Mansó,
Margarita Nelken,
María Blanchard,
María Campo Alange,
María Goyri,
María Guerrero,
María Lejárraga,
María de Maeztu,
María Martos,
María Zambrano,
María Teresa León,
Maruja Mallo,
María Telo,
Matilde Calvo Rodero,
Matilde Huici,
Matilde Landa,
Rosa Chacel,
Rosa Spottorno,
Rosario Capel,
Soledad Ortega,
Victoria Durán,
Victoria Kent,
Zenobia Camprubí…
Me gustaría poder
nombrar a algunas
de las miles y miles
de mujeres que no
pudieron cursar estudios
superiores, algunas
ni la escuela la conocieron,
pues la justicia
social brillaba
por su ausencia.
Estoy pensando en:
prostitutas, mendigas,
mujeres sin techo,
criadas al servicio
de familias privilegiadas,
solteras al servicio
de sus familias,
casadas con donnadies,
maltratadores, represaliados,
e incluso las casadas
con dios, pero sin dote.
Todas ellas legas,
en materias que tuvieran
que ver con la Academia,
y muchas de ellas
analfabetas.
Me gustaría poder nombrar
a todas las mujeres
con nombre y dos apellidos,
pero está claro que
para eso hay que tirar
del censo…
si es que alguien las inscribió.
44
Volemos, Alfonsa,
volemos
para que no conviertan
nuestra vida
en un silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario